Me encantabas, pero ¡qué bueno que lo arruiné!

Sí, realmente me gustabas mucho. Desde antes que siquiera me notaras, aunque luego dijeras que te gusté desde la primera vez que me viste, lo cual no creí porque quizás sólo estabas siendo amable. Te veía y literalmente me derretía, mis amigas lo sabían y no paraba de pensar en cómo conquistarte. Me pareciste inalcanzable y eso me prendía mucho más todavía. Fuiste eso a lo que ahora le llaman crush.

Me animé a hablarte y, aunque no me acerqué de la mejor manera, fue emocionante para mí empezar a conocerte y quitarme esa intriga que me daba el simple hecho de mirarte a lo lejos.. Días de conversaciones casuales pasaron hasta que pudimos salir: mantenía una sonrisa de oreja a oreja porque no podía creer que desperté tu interés en mí. Y cuando nos besamos, quizás lo recuerde como una de las cosas más emocionantes de mi vida: nunca me había arriesgado de tal manera.

Todo fue un torbellino de emociones para mí, quizás no me tomé el tiempo suficiente para manejarlas y sólo un “a la mierda todo” era la premisa para actuar. Me daba igual lo que pudiera pasar, sólo supe que desperté tu interés y eso me bastaba. Desde el momento uno fui yo misma y amaba conversar contigo, pero me provocaba ansiedad. Mi mente no descansaba porque siempre pensaba en si hacía las cosas muy lento o muy rápido; o si las hacía bien o mal. Mis amigos pueden dar fe de lo estresada que estaba por querer impresionarte.

Definitivamente algo estaba mal en mí, yo lo sabía, pero no quería perderte. Tampoco hacía nada para solucionarlo porque mi cabeza no daba para más: realmente no estaba preparada para sentir cosas tan fuertes por una persona y en definitiva tú tomaste el control de la situación. Sabía que en algún momento terminaría todo esto, aunque una parte de mí no quería y se aferraba, a pesar del estrés.

Hasta que… te cabreaste y me mandaste a la verga. A juzgar por tus palabras fue como un golpe con un bate, pero cubierto de esponjas. Sinceramente esperaba un poco más de ti, a juzgar por la manera en cómo sucedió. Los hombres en estos casos siempre dicen lo que las mujeres quieren escuchar, y yo te dije lo que querías oír.

Es irónico cómo dos personas se conocen, pasan a ser todo y al final todo es como el principio: nuevamente dos desconocidos. Suena fácil, pero ¡vaya que no lo es!. Sobre todo tomando en cuenta todo lo vivido y las neuronas fritas por el estrés que me causaba siquiera salir una noche contigo.

No te culpo de nada, al final no desperté un interés en ti más allá del físico (por mucho que fueras lindo conmigo) y simplemente te aburriste de mí. Mi vida estaba hecha una mierda en ese entonces y yo no iba a fingir sólo para caerte bien. No te mostré mi mejor cara, porque de hecho no tenía y simplemente forcé las cosas, ¡pero qué bueno que lo arruiné!

¡Qué bueno que lo arruiné! Porque pude darme cuenta de lo tonta que estaba siendo al tratar de impresionar a alguien sin siquiera pensar en mí. En definitiva me has enseñado una gran lección y por eso agradezco que hayas pasado por aquí. Ahora estás siendo libre como siempre, y viviendo la vida sin problemas, lo sé. Sé que me cambiaste, no por algo mejor, sino por algo más fácil.

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