¿Fingir? ¿Para qué?

Suena bastante fácil llegar a ser una persona extremadamente sincera: que tengas la confianza de decir la verdad en todo momento y que las personas no se alejen de tí por ello, al contrario, que lo vean como una virtud, más que como un defecto.

En el proceso de formar tu personalidad, te encuentras con personas, situaciones y experiencias, que de algún modo te piden que no seas sincero pretendiendo así una prudencia más falsa que un billete de $3. Otras veces simplemente no quieres ser un hijo/a de puta y te compadeces de soltar una letanía a quien te haya hecho daño, sabiendo que puedes llegar a herirlo.

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Conocer completamente a las personas te da el poder de herirlas como quieras, igualmente ellos podrían hacer lo mismo contigo, y en definitiva, cuando son unos malditos contigo, nada te daría más placer que utilizar eso a tu favor. La pregunta es ¿Por qué no? ¿Por qué no devolver un poco esa mala voluntad en forma de una grosería o de un mal gesto? ¿Por qué nos importa tanto “quedar bien” con alguien que literalmente vale verga contigo?

Hay muchos factores determinantes: puede que la persona en cuestión sea alguien importante para quién tú quieras mucho. El mejor ejemplo que puedo dar sería el de mi abuela: nunca fuí apegada a su familia y ha hecho muchos desplantes a mi madre, mi hermano y a mí. Su actitud es muy egoísta para con mi padre y para colmo, no pierde el tiempo si tiene que hablar mal de alguien, incluso de los miembros de su propia familia.

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Yo como soy extremadamente sincera, me gustaría soltar una letanía por todas las que mi madre se ha aguantado, y sinceramente, sé que cuando muera, no lloraré por ella. Pero no lo hago por mi padre, porque lo amo y sé que podría romperle el corazón. En definitiva es algo que quizás nunca podré hacer, a menos que me afecte a mí de manera directa.

Otro ejemplo que puedo enumerar es el de mi ex: a veces quisiera soltar todo mi veneno y que simplemente dejara de molestarme, pero no puedo porque sé que si lo hago pensará que aún sigo enamorada de él, que estoy dolida por todo lo que sucedió y que no puedo reaccionar de una forma “madura”… ¡Y la verdad es que no! ¡Simplemente quiero que te prendas fuego y desaparezcas!

Sí, el segundo ejemplo suena estúpido, lo sé, pero es mi artículo y escribo lo que quiera. En fin, no hay que desaprovechar las oportunidades en las que puedes ser completamente sincero/a y decir algo que te disgusta, algo que está mal o que hace tiempo llevas guardando. Por muy hirientes que sean tus palabras, siempre trata de decirlas sin perder el control.

No es lo que dices, sino cómo lo dices y debes ser inteligente para no dejarte llevar por tu disgusto y hacer que esa persona sí lo haga. No hay nada más placentero que quitarte ese peso de encima de una forma en la que esa persona no se pueda defender y simplemente le toque darte la razón.

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