Fortaleza Femenina

Después de pasar un calvario invisible para el resto del mundo, he decidido comenzar a tomar conciencia de ello: dejar de sentir vergüenza, culpa autocompasión y sobre todo miedo. Sí, miedo a las consecuencias de algo que, en primera instancia, no era mi culpa sino algo que me mandó la naturaleza. No sé si fueron mis genes, mi negligencia o simplemente un escarmiento para cuidar más mi cuerpo.

Tampoco era de vida o muerte el asunto, aunque algunas veces sí llegué a sentir miedo de no despertarme o de sufrir un shock. Nunca supe qué tan grave era mi situación y sólo resolvía día a día lo que me estaba pasando. No lo sé, a veces las mujeres tenemos tanto en qué pensar, que sobrepensar algunas cosas nos parece incluso egoísta con las otras ‘cosas’.

Sin entrar en muchos detalles, sí llegué a preguntarme, luego de haber tenido una mitad del año bastante intensa, en qué más tiene que pasar para por fin encontrar la calma luego de tantas implacables tormentas. Los mensajes de aliento de las personas que amo siempre eran: “Eres súper fuerte”, “Tú puedes con todo esto”, etc. pero lo único que quería era desmoronarme y quedarme llorando en mi habitación.

A veces no me lo permitía porque mi condición hormonal era mayormente emotiva, incluso pensaba que quizás eso era algo normal, que todas las mujeres deben pasar… para… no sé, ¿hacerse más mujeres? En ese momento no lo entendía, lo único que quería era dejar de rebosar mis toallas sanitarias.

Estaba muy débil, triste, nerviosa y tan cansada mentalmente de todo eso, que se me ponen los ojos vidriosos sólo de recordarlo. Luego de tanto tiempo entre exámenes, ultrasonidos, medicamentos, suplementos y reposo absoluto, por fin estaba viendo la luz y cada vez era menor mi malestar, pero debía arrancar el problema de raíz y no podía hacerlo por mis propios medios.

Nunca hubiese podido sola y eso me hace pensar en los cientos de madres jóvenes que por no tener solvencia económica, deben ignorar que hay algo dentro de ellas que les puede ocasionar mayores problemas más adelante. Me hace pensar en mujeres jóvenes como yo, que nunca presentaron síntomas y que se enteraron demasiado tarde. Me hace pensar en mujeres mayores que ingresan de urgencia a un quirófano.

Y ahí fue cuando entendí que a pesar de tener los labios blancos, la piel pálida y sentirme cansada todo el día, debía ser fuerte mentalmente por mi familia y las personas que estuvieron dándome su apoyo incondicional. Ser fuerte un poquito más cada día y terminar los tratamientos a pesar de la incomodidad y el dolor. Mantener la compostura y esforzarme un poco más cada día hasta recuperarme completamente.

A veces me desespero porque hace meses era muy activa, tal como lo mencioné en Amor y control… propio. , antes de mis vacaciones había establecido buenos hábitos: nadaba por lo menos tres veces a la semana, hacía cardio de vez en cuando, comía saludablemente y entre esos espacios en blanco, leía mucho, aprendía a falar portugués y realizaba mucha introspectiva que me ayudó a crecer mientras me pasaba de todo con otras personas.

…Pero seguiré esforzándome para algún día, volver a hacer todo lo que antes hacía, incluso más pero con una diferencia, y es que no volveré a ser lo que antes era. Todo lo que me ha pasado en este año, me ha hecho mejor… Cada vez mejor. Cada vez más consciente, humilde, agradecida, orgullosa de mi cuerpo, de todas sus heridas y de cómo me las voy curando.

Sobre todo orgullosa de nacer mujer, porque comprendí que realmente somos el sexo fuerte: el que todo lo soporta, todo lo aguanta, todo lo tolera. Mentalmente somos unas bestias porque seguimos viviendo, experimentando y superando cualquier adversidad, cualquier tipo de sufrimiento, cualquier dolor físico, emocional o mental… Y cuando todo lo malo pasa, siempre miramos atrás, siendo mejores cada vez más, superando nuestras propias expectativas, agradecidas con todo lo aprendido. Es eso lo que nos hace fuertes y grandiosas.

 

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