“…realmente bien”: …una lucha de adentro hacia afuera.

Esta es una continuación de “Todo está bien…”: relato de mi más reciente lucha. Si no has leído la primera parte, te recomiendo que des clic al link y cuando termines, continúes leyendo este relato. ¡Gracias!

 

El lunes siguiente viajamos a Santiago, Veraguas a una clínica de colposcopía, en donde me sentí tranquila porque me trataron de maravilla aunque mi cara demacrada, cansada por el viaje y la intranquilidad, no lo demostraran. Más pruebas, procedimientos tediosos y en ese momento molestos, me realizaron hasta que dos ultrasonidos confirmaron los hallazgos. Sólo quería llorar porque ya estaba demasiado incómoda con toda la situación.

Me mantuve en reposo el resto de la semana hasta el día en el que me sacaron unos 10 ml de sangre (¡como si me sobrara!) y un 7.9 de hemoglobina alarmó a mis padres, preocupados porque ya se acercaba el momento de volver a mi trabajo así que ese sábado insistieron en acompañarme y esperarme para luego volver a casa a descansar. Mientras ya disminuía el sangrado, seguía con el tratamiento hormonal, el cual me provocaba migrañas pero continué hasta el día de mi próximo procedimiento.

7.9 de Hemoglobina. Creo que este fue el punto más bajo en el que estuve.

La histeroscopía diagnóstica consiste en examinar con el histeroscopio las paredes del útero mientras éste está expandido con solución salina. Y antes de que te lo preguntes, no… no colocan anestesia, sólo tomé un analgésico en polvo unos minutos antes. El dolor es similar a un cólico muy fuerte pero pude visualizar mi propio útero, sus glándulas, algo de coágulos residuales y por fín los causantes de todo este problema: pólipos endometriales.

El sangrado fue disminuyendo gradualmente mientras estaba preparándome para el siguiente paso: una costosa histeroscopía quirúrgica en la cual me extraerían los hallazgos. Como teníamos que viajar constantemente a Santiago, aprovechamos para pasar unos días en familia en Penonomé. Descansar, comer mucho, ‘echar cuentos’, seguir comiendo, dormir… fue convirtiéndose en una rutina bastante agradable entre las citas y distraían mucho mi mente, que todavía jugaba en mi contra en momentos de soledad.

Llegó el día de la cirugía y al igual que el examen, fue dolorosa, incómoda y aunque fuera ambulatoria, necesité mucho reposo. Me costaba siquiera caminar, me sentía cansada y débil, no podía hacer muchos esfuerzos físicos y sólo quería dormir. Mi doctor me recomendó bajar de peso y cuidar mis emociones y yo, luego de una semana comencé a recuperar mis condiciones, a relajarme y a comer menos.

Reposo absoluto. Unas horas después de la cirugía.

Así, este mes de recuperación se pasó bastante rápido mientras asimilaba todo lo ocurrido y me hice varias veces la pregunta si contarlo, quizás por el estigma que supone algo que es tan natural como lo es la menstruación. Me gustaría que otras mujeres conocieran esta historia para que sepan que una menorragia, no es algo normal y que deben tomar acciones inmediatamente.

También me incorporé al trabajo, retomé los proyectos que dejé de lado y volví a mi vida “normal”. Aunque algo dentro de mí cambió para siempre. Mi propio cuerpo es sabio porque supo el preciso momento para alertarme de algo que quizás tenía hace muchísimo tiempo. No se desencadenó en mis vacaciones en Florianópolis, Brasil, lo cual pudo haber sido peor; y tuve suerte de estar soltera, porque seguramente habría sido un estrés para mí mantenernos célibes, mi depresión, mi debilidad y mis ganas de nada. Mi cuerpo reaccionó de manera hormonal a tantas emociones que tenia dentro de mí, positivas o negativas, y supo desencadenarse en el momento más oportuno.

Lentejas. Los alimentos ricos en hierro eran más que obligatorios.

Algo dentro de mí cambió y me hizo valorar mi cuerpo, mi mente y mi corazón. Me hizo entender que soy mucho más fuerte de lo que jamás creí, que todas las lágrimas de desesperación en su momento formaban parte de esa purga de emociones negativas, de cosas que prioricé dejando otras más importantes de lado. Me hizo entender que mi salud física, emocional y mental está por encima de cualquier cosa y que sólo depende de mí mantenerme tranquila, saludable y feliz.

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“El fuego no puede matar a un dragón”. -Daenerys Targaryen

Todavía siento algo de recelo cuando tengo que contarlo pero es mi lucha y debo abrazarla y aceptarla, que continúa porque debo seguir cuidándome: de esfuerzos físicos grandes, del estrés laboral, mis emociones y mi sobre todo mi cuerpo. Pero debo aceptarlo, como alguna vez lo hice, para ayudar a las mujeres de mi círculo y que sepan que deben poner su bienestar propio por encima de todo.

Que no deben sentirse culpables por ello, porque incluso existen personas que lo hacen por nosotras sin que nos demos cuenta y esa es la muestra de amor más grande que pude sentir en todo este proceso: el amor de mi familia. Mi lucha fue su lucha y al final pudimos vencerla juntos. Esa fue la lección de amor propio más importante.

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