¿…y qué día es hoy?

A 60 días de haber empezado toda esta locura de la Cuarentena (en Panamá) aún mi mente no asimila la idea del confinamiento…

Aunque viva todos los días el mismo bucle y mi cuerpo haya asimilado su horario biológico y del sueño, hacer mi cama inmediatamente que me levanto, a desayunar a las 9:00 a.m. mientras empiezo a trabajar, a cocinar a las 11 y comer a las 12 mediodía, seguir con el teletrabajo hasta las 6:00 p.m. y luego prepararme para ejercitarme a las 7:00 p.m., excepto los martes y jueves que tengo clases virtuales de maestría, así que me ejercito a las 4:00 p.m o a las 9:00 p.m, apenas acaba la clase. Luego ceno una comida liviana y la complemento con fruta unas dos horas despues para quedarme en la cama viendo memes y a veces hablando con mi novio por teléfono hasta que a alguno de los dos les dé sueño y ya mi día acaba oficialmente.

A pesar de acostumbrarme a todo eso, sé que no es mi realidad. No se parece en absoluto al ajetreo al que siempre estuve acostumbrada, como lo expliqué en “Cuando volvamos a la normalidad…” aunque el hecho de vivir esta nueva realidad ya se ha vuelto menos traumático para mi psiquis, ahora existe la incertidumbre si voy a recuperar todo lo que tenía en mi trabajo, o tan siquiera mi trabajo. Se vienen tiempos difíciles y no hablo precisamente del tema Salud.

Pero la verdad no quiero ser portadora de esa ansiedad colectiva y debo terminar de aceptar esta nueva vida, que quizás se alargue un poco más. Ya no me siento mal porque dentro de todo me mantengo ocupada y he establecido mis rutinas, quizá para no volverme loca por el inminente desajuste de mi reloj biológico por estar con el celular antes de dormir… ¡Es simplemente adictivo y estúpido quedarse por horas viendo un aparatito! Pero bueno… aquí estamos.

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Expectativas del teletrabajo…
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…realidad.

Ya llevo dos meses de no pisar mi lugar de trabajo y de trabajar desde casa, ya no sé si extraño esos días de normalidad o más bien caos. Todo es más pausado, con más calma… un aire todo hippie y tranquilo que al principio abruma pero te terminas acostumbrando y algo que me salva de esa merma que a veces me da, son los memes. Sobre todo los políticamente incorrectos: me hacen reírme de esta funesta realidad, de la que definitivamente debemos salir con otra cara y otra mentalidad.

¡Amo los memes pero debo dejar de usar tanto el celular! Jajaja, todo un dilema… pero aún así estoy agradecida con la vida de que ese sea el ‘mayor de mis problemas’ y no que yo o algún miembro de mi familia esté infectado con el Covid-19… Creo que debemos concentrarnos en ello: tenemos hogar, salud, una familia, instrumentos para seguir trabajando y sobre todo vida… Vida para más adelante contarle a nuestros hijos y nietos que sobrevivimos a una Pandemia.

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