Una pausa para continuar…

Para continuar primero hay que tomar un descanso.

Día número N de mi cuarentena, en casa haciendo teletrabajo, refugiándome en una rutina implantada Obligatoriamente pero que he sabido tomarle cariño y que ahora disfruto, sobre todo en mis pausas. Rutina que tienen muchas personas también pero que no debería envidiarse, porque estar en casa tanto tiempo también abruma, sobre todo en mi caso que debo cuidar a mi abuela y también cuidar mi condición: Crisis aleatorias de rinitis crónica.

Ya no sé si extraño aquel trajín del día día a principios de este año: piscina, trabajo, freelance de diseño, maestría, coaching y a veces transmisiones deportivas hasta tarde. Sin tomar en cuenta también que mantuve una relación (que en su momento la convertí en otra responsabilidad), tomar en cuenta aspectos como la buena alimentación, ya que me la pasaba todo el día en la calle, llegaba tarde a casa y convivía muy poco con mi familia.

Desde hace varios meses, mis días son diferentes: me levanto, desayuno, mis grabaciones son temprano, los días que tengo que ir al trabajo personalmente, voy mucho más temprano para realizar todas mis tareas tranquila. Se puede decir que he establecido mis propios horarios, lo que representa para algunos un sueño, pero para mi ha sido algo que yo misma he tenido que determinar de manera objetiva. Por qué sí, a veces me da el atacazo artístico a las dos de la mañana, pero trato de no pasarme de verga porque sé que debo mantener mi Ciclo de sueño intacto. En algún momento de la cuarentena le daba vueltas al reloj, trabajaba en las noches únicamente, no tenía un horario establecido para cada una de mis responsabilidades, sí, hacía mucho más pero siempre estaba cansada. Era irónico que, al permanecer en mi casa, siempre estuviera cansada hasta qué un momento dije ya no más. Y establecí mis horarios tal como lo hacía cuando la vida era “normal”.

¿Alguna vez pensaste que sería normal andar siempre con mascarillas?

Debemos aprovechar las cosas que nos pasan: buenas o malas, en estos momentos en donde ya la reflexión es algo que no se debe pasar por alto. Es cierto que todos queremos de vuelta nuestra vida normal, de antes… Yo lo pensaría dos veces porque me siento cómoda, quizás porque supe adaptarme, claro que al principio me parecía súper extraño, ya lo dije en varios de mis artículos al principio de la cuarentena. Pero no he dejado de hacer las cosas que siempre me mantuve haciendo, sólo que ahora son de manera diferente y me siento agradecida por eso. Obra de Dios o bendición de la vida, no lo sé… No todo fue tan perfecto así que la vida me mandó una tendinitis de Quervain, con la cual estoy lidiando actualmente y casi que sin derecho a quejarme.

El detalle de esta enfermedad, el tratamiento, las terapias, los ejercicios, etc. es algo que trataré en otro artículo ya que implicaba mucho más que sólo la parte física, tal como lo describí en mi artículo anterior Reconocerme Vulnerable. De todos modos no me gusta hablar mucho de este tema con gente ajena a mi día a día, ya que siento que pueden pensar que estoy exagerando, así que prefiero ser un poco más prudente en ese sentido.

Tener un orden en los aspectos profesionales me ha hecho separar muy bien mi mente de mi corazón, si bien es cierto en algún momento no podía concentrarme debido a que estaba pasando un momento duro de mi vida amorosa, situación que se fue prolongando. Al principio por mi propio ego, luego por el ego ajeno tal como lo describí en Cuando el Ego Mata el Amor… Igualmente no soy perfecta, tengo que mejorar muchas cosas dentro de mí y también todo lo que hago, no pretendo tampoco ser un modelo a seguir solamente hablo en base a mi experiencia, la que luego de tantos años estuvo en un segundo plano, quizás por temas del corazón, pero que ahora forman parte importante de lo que soy y desarrollar tanto mis habilidades me ha hecho darme cuenta que soy mucho más que una gran bola de sentimientos.

Muy pocas cosas me han borrado la sonrisa en estos tiempos interesantes.

A este punto del artículo no sé si hayan personas que sigan leyendo mis escritos, pero tampoco quiero guardármelos sólo para mí, en mi diario personal, quizás porque muy en el fondo quisiera inspirar a personas que en este momento no encuentren un rumbo fijo en sus acciones del día a día… Yo también estuve en un punto en el que sólo existía: iba a trabajar, iba a la universidad, piscina, familia, compras, relaciones sentimentales, poco ocio, etc. Todo en mi vida era puro deber y muy poco placer, Y yo decía que estaba feliz, quizá así me hacía feliz el hecho de desarrollarme profesionalmente, pero a veces me sentía muy abrumada y simplemente quería salir corriendo. Ahora quizás hasta tenga más responsabilidades, pero en la realidad en la que estoy desde hace más de 200 días, me permito tener esos momentos pequeños pero significativos donde mi mente está inmersa en mis propios pensamientos, algunos lo llaman meditar. No sé si es eso, lo que sí sé es que me regalo una sonrisa, me calma, y me hace sentir bien y tranquila.

Debo continuar con mis tareas, sólo que en este proceso estoy procurando atesorar mucho más esas pausas, primero por mi dolor físico y segundo por mi estabilidad emocional, la cual me ha mantenido en pie en estos tiempos interesantes…

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