¡A la mierd* todo!

¿Has sentido que últimamente ya nada te importa? ¿que quisieras tirar todo y comenzar de nuevo?

Sí… yo también, y es producto de esta Pandemia, que nos ha cambiado la perspectiva en todo lo que solíamos creer.

A principios del 2020 teníamos incertidumbre porque no sabíamos a qué íbamos a enfrentarnos. A mitad de año hubo una crisis inminente, muchas personas perdieron sus negocios y empleos, reducciones de salarios sin olvidarnos de quienes perdieron a seres queridos. Fue difícil despertar cada día pensando en el ¿qué pasará luego? y continuar luchando… a veces sin saber contra qué. Cada vez supimos más del Coronavirus, de sus variantes y de tratamientos más efectivos, lo que poco a poco nos dió una tranquilidad en general así que bajamos un poco la paranoia colectiva y comenzamos a vivir de manera un poco más «normal».

Pero ahora que todo ha arrancado nuevamente, donde cada vez más parece la vida pre-Pandemia, hay un sentimiento extraño y diferente… Un sentimiento que nos hace pensar en todo aquello que tuvimos antes y que ahora tenemos. Que si tenemos lo mismo, lo vemos de otra manera… Debido a la cuarentena y la implementación del Home Office y Home Schooling, convivimos mucho más con nuestras familias, aquellos que sólo veíamos al final del día cuando llegábamos a casa luego del trabajo.

Debido a esto, surge una añoranza por esa cercanía y esa serenidad que sentíamos al pasar todo el día encerrados con nuestras familias, mientras que el mundo parecía desmoronarse fuera de nuestros hogares. Es por esto que valoramos aún más el tiempo que pasamos con ellos y pensamos que «no todo es trabajar» o «no todo es estudiar» a lo estúpido, si al final te quita tiempo con lo más importante que tienes, que no es el dinero sino tu familia.

También vemos diferente nuestras ocupaciones, ya no nos desvivimos por llegar tempranísimo a nuestros empleos o trabajar horas extras para ser (o parecer) más productivos en la empresa. Ya no nos esforzamos demasiado en cosas que en el fondo no nos interesaban… Muchas personas abandonaron sus estudios, por la urgencia fueron emprendedores y ahora se han dado cuenta que ni siquiera tenían por qué haberse inscrito en esa carrera en específico.

Otros sobrevivieron con sus liquidaciones y parte de ella, la invirtieron en nuevos emprendimientos y negocios que, ahora con el reinicio de «la vida normal», están dando sus primeros frutos. Otros tuvieron un despertar y se dieron cuenta que sus objetivos estaban lejos de lo que estaban haciendo antes de la Pandemia. Y yo, como mis compañeros de la maestría y muchos universitarios, seguimos estudiando porque sabíamos que nos esperaban cosas diferentes cuando esto acabe del todo, nos aferramos a esos objetivos y dejamos atrás muchos otros que, con todo lo que estaba pasando, empezaron a carecer de sentido.

Y sí… ¡A la mierda todo! Todo aquello que creíamos que era importante. Todo lo que nos alejaba de nuestros verdaderos deseos. Aunque todo está volviendo a ser como antes, nosotros ya no somos los mismos. Esta Pandemia nos ha cambiado por dentro y por fuera. No sólo sobrevivimos, sino que nos adaptamos y supimos salir adelante, unos a un paso más lento que otros, pero seguimos de pie y luchando. Sólo que ahora por los objetivos, propósitos y motivos correctos.

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