Abriendo las alas…

En estos dos últimos años he cambiado muchísimo, ha cambiado mi mente y mi cuerpo. Todo ha dado un giro de 180 grados y he seguido adaptándome, conociéndome y deconstruyéndome hasta el día de hoy. Parece mentira que han pasado ya dos años desde que decidí, entre tanta incertidumbre que se avecinaba, a estudiar una maestría, a cambiar mis hábitos alimenticios, a mejorar mi salud física y a quererme más. Todo esto me hizo sentir que en lugar de dos años, pasaron como cinco de un tirón y siento como si hubiese sido ayer cuando fui a esa primera clase de la maestría o a mi primera cita con la nutricionista.

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Retrospectiva del 2021

Al escribir las primeras líneas de este artículo, no sabía cómo llamarlo, pero como muy pocas veces digo: «lo dejaré fluir». En fin… es diciembre de 2021, pronto cumpliré 26 años y hay pensamientos rondando mi mente cada vez más, los que en algún momento fueron extraños para mí, ahora son usuales y realmente no sé si está bien o mal aunque sea hablar un poco sobre el futuro.

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¡A la mierd* todo!

¿Has sentido que últimamente ya nada te importa? ¿que quisieras tirar todo y comenzar de nuevo?

Sí… yo también, y es producto de esta Pandemia, que nos ha cambiado la perspectiva en todo lo que solíamos creer.

A principios del 2020 teníamos incertidumbre porque no sabíamos a qué íbamos a enfrentarnos. A mitad de año hubo una crisis inminente, muchas personas perdieron sus negocios y empleos, reducciones de salarios sin olvidarnos de quienes perdieron a seres queridos. Fue difícil despertar cada día pensando en el ¿qué pasará luego? y continuar luchando… a veces sin saber contra qué. Cada vez supimos más del Coronavirus, de sus variantes y de tratamientos más efectivos, lo que poco a poco nos dió una tranquilidad en general así que bajamos un poco la paranoia colectiva y comenzamos a vivir de manera un poco más «normal».

Pero ahora que todo ha arrancado nuevamente, donde cada vez más parece la vida pre-Pandemia, hay un sentimiento extraño y diferente… Un sentimiento que nos hace pensar en todo aquello que tuvimos antes y que ahora tenemos. Que si tenemos lo mismo, lo vemos de otra manera… Debido a la cuarentena y la implementación del Home Office y Home Schooling, convivimos mucho más con nuestras familias, aquellos que sólo veíamos al final del día cuando llegábamos a casa luego del trabajo.

Debido a esto, surge una añoranza por esa cercanía y esa serenidad que sentíamos al pasar todo el día encerrados con nuestras familias, mientras que el mundo parecía desmoronarse fuera de nuestros hogares. Es por esto que valoramos aún más el tiempo que pasamos con ellos y pensamos que «no todo es trabajar» o «no todo es estudiar» a lo estúpido, si al final te quita tiempo con lo más importante que tienes, que no es el dinero sino tu familia.

También vemos diferente nuestras ocupaciones, ya no nos desvivimos por llegar tempranísimo a nuestros empleos o trabajar horas extras para ser (o parecer) más productivos en la empresa. Ya no nos esforzamos demasiado en cosas que en el fondo no nos interesaban… Muchas personas abandonaron sus estudios, por la urgencia fueron emprendedores y ahora se han dado cuenta que ni siquiera tenían por qué haberse inscrito en esa carrera en específico.

Otros sobrevivieron con sus liquidaciones y parte de ella, la invirtieron en nuevos emprendimientos y negocios que, ahora con el reinicio de «la vida normal», están dando sus primeros frutos. Otros tuvieron un despertar y se dieron cuenta que sus objetivos estaban lejos de lo que estaban haciendo antes de la Pandemia. Y yo, como mis compañeros de la maestría y muchos universitarios, seguimos estudiando porque sabíamos que nos esperaban cosas diferentes cuando esto acabe del todo, nos aferramos a esos objetivos y dejamos atrás muchos otros que, con todo lo que estaba pasando, empezaron a carecer de sentido.

Y sí… ¡A la mierda todo! Todo aquello que creíamos que era importante. Todo lo que nos alejaba de nuestros verdaderos deseos. Aunque todo está volviendo a ser como antes, nosotros ya no somos los mismos. Esta Pandemia nos ha cambiado por dentro y por fuera. No sólo sobrevivimos, sino que nos adaptamos y supimos salir adelante, unos a un paso más lento que otros, pero seguimos de pie y luchando. Sólo que ahora por los objetivos, propósitos y motivos correctos.

Mi “nueva normalidad“

Como cosa de Dios, o cosa del diablo, el 7 de octubre me notificaron que debo regresar a trabajar de planta todos los días. Confieso que en el primer momento pensé “qué pereza, Ya me acostumbre a estar en mi casa todo el día, todos los días”, También pensé que me había adaptado muy bien a esta normalidad y que por un instante, podría quedarse así ¿ para siempre? No lo sé, sólo era parte de un pensamiento ideal, interesante pero por lo visto bastante alejado de la realidad.

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Una pausa para continuar…

Para continuar primero hay que tomar un descanso.

Día número N de mi cuarentena, en casa haciendo teletrabajo, refugiándome en una rutina implantada Obligatoriamente pero que he sabido tomarle cariño y que ahora disfruto, sobre todo en mis pausas. Rutina que tienen muchas personas también pero que no debería envidiarse, porque estar en casa tanto tiempo también abruma, sobre todo en mi caso que debo cuidar a mi abuela y también cuidar mi condición: Crisis aleatorias de rinitis crónica.

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-¿Todo bien?

-Sí, no te preocupes… Sólo soy yo y mis cosas.

-Bueno… Espero que estés mejor de verdad y logres descansar bien…

Bien… todo está bien… todo lo que estoy viviendo está más que bien y me encanta. Por fin me siento tranquila, en paz conmigo misma y con todo lo que me rodea. Por fin puedo decir que estoy viviendo una tranquilidad auténtica y mis sonrisas espontáneas lo corroboran.

Por fin puedo decir que son más las lágrimas que salen por alegría que por tristezas o preocupaciones, que al fin y al cabo se pueden resolver. Incluso puedo sentir que soy yo misma y que no debo fingir en lo absoluto para caerle bien a nadie, porque las personas que tengo en mi vida me aceptan como soy y además, ¡les encanta mi manera de ser!

Por fin puedo sentir que valgo mucho, que soy única y que puedo seguir mejorándome mucho más… Que no tengo sino cosas buenas que ofrecer al que se me atraviese en el camino y eso me llena de tanta tranquilidad. No tengo energía para dar malas vibras a los demás.

Finalmente puedo decir que estoy en mi mejor momento, que luego de tanto buscarme a mí misma y encontrar todo lo maravillosa que puedo llegar a ser, no hay nada ni nadie que, consciente o inconscientemente me vaya a hacer sentir mal o a detener.

Aunque a veces tengo miedo, sí… tengo miedo que todo esto que he construído se desmorone, quizás por una o más decepciones, o por mí misma. Que toda esta felicidad sea momentánea, porque en un momento mi statu quo era solo drama y tristeza, y no quiero volver a ello nunca más…

No quiero ser más esa persona sumisa y triste que dependía mucho emocionalmente de alguien. Me gusta más esta versión de mí y me he encariñado tanto con ella que no quiero soltarla. Puede que exista alguna que otra decepción en mi vida y me da miedo, pero debo utilizar todo esto que he construído para consolarme a mí misma, empoderarme y seguir adelante, si así sucede.

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Pero tampoco quiero pensar en lo malo, sino en todas las cosas buenas que me están sucediendo, que a veces no me las creo, pero que debería empezar a abrazar y a mantenerlas conmigo, para así darme cuenta que esto es lo que realmente estaba buscando en todos esos momentos que me sentía desconsolada y perdida.

Pero ya no me siento así, me siento en paz, tranquila y sobre todo siento que estoy en el lugar correcto y que no debo tener miedo en absoluto. Siento solo amor en mi corazón y eso me hace sentirme bien… porque está todo bien.

«Tiempo al Tiempo»

Una frase que no paraba de repetirme una de mis mejores amigas y tuvieron que pasar casi 10 años para realmente comprenderla…

Hace ya un buen tiempo que me mantengo soltera, que mis sentimientos más puros no están amarrados a un alguien y eso no influye en mis acciones o decisiones. Y es que quizás mi corazón sea lo que contiene la fuerza absoluta para mi accionar en mi vida, pero cuando hay alguien que ocupa gran parte de él, lo trastoca y retiene muchas cosas dentro de mí, o por lo menos eso es lo que me dice mi propia experiencia.

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Bethliz «Pamela» Martínez, quien me dijera la otrora frase.
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«Todo está bien…»: empieza el relato de mi más reciente lucha.

Hace unas semanas ponerle punto final a un capítulo que llegó repentinamente a escribirse en mi vida y que quizás haya sido uno de los más difíciles de afrontar. Algo que me hizo daño físicamente pero que me ayudó tanto a equilibrar mi ser: fue doloroso al principio porque no sabía qué estaba pasando conmigo, no sabía qué era lo que estaba mal en lo que había hecho hasta que se desencadenó todo… pero aprendí muchísimo.

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